
Aceptar la oferta, y volver a casa. A la comodidad, a los árboles viejos, al atardecer asegurado y la flor doliendo en el corazón.
Rechazar la oferta, y quedarse. Con el peligro, lo poco conocido y lo que está por conocer; con el amigo, el amante pasajero, el cielo cada día diferente... y la flor doliendo en el corazón.
¿Donde vas, principito?
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