viernes, 23 de noviembre de 2012

¿Quién nos vio nacer la última vez?

Es navegar por el desierto. Las corrientes nos llevan.
¿Qué hacemos aquí?
¿Qué podemos hacer?
Antes de ir
piensa si vas a volver
a renacer

¡Ésa no es la cuestión!

No te vayas.
La Bestia siempre estuvo ahí
Te espera. Nos echa de menos.
Cada noche, vuelve a verme.
¿Sabes? La Bestia tiene plumas blancas.

miércoles, 7 de noviembre de 2012

No hay grandeza en un final que se alarga lentamente, asfixiado por el paso del tiempo.

Poco a poco, reconozco las infinitas caras de nuestro peor amigo, el más amable de los asesinos, el más inexorable de los acompañantes.
Esta es mi declaración de intención:
Yo quiero morir en tiempo

martes, 6 de noviembre de 2012

Arena

El tiempo.
Irrefrenable. Eternamente efímero.
Circular.
El tiempo es el verdadero constructor. El transformador. El destructor. Cíclico, periódico, irrepetible.
Único. Tiempo que muere en el momento en que lo piensas.
Todas las cosas suceden al mismo tiempo. Un tiempo que nunca es igual.
Tiempo simultáneo, anacrónico, insoportablemente inabarcable.
El centro de todas esas cosas que se suceden, como ese niño y ese gato que corren juntos, y ese mismo niño con ese mismo gato cayendo por una grieta (abierta casi en el instante de cerrarse) es el tiempo. Un tiempo que no podemos medir.
Nuestro falso tiempo. Nuestra falsa cadencia.
El tiempo transcurre. Transcurre desde su origen.
El tiempo, basado en su propia atemporalidad.




¿...quién rige al tiempo?

martes, 30 de octubre de 2012

La gran resistencia

Te revuelves en mis brazos. Respiras, y me haces cosquillas.
No nos movemos; ni tú, ni yo, ni el tiempo. La noche parece hacerse eterna en un instante.
Mis ojos se acostumbran a distinguirte sin luz; pero no consigo separar tu cuerpo del mío, por más que te miro.
Sé que duermes. 
Y aunque no quiera,
sé que yo 

también


acabaré




dor

mi...

da...

jueves, 25 de octubre de 2012

Las invenciones de la soledad

No he podido resistirme a abandonarme otra noche más. ¿Adónde voy? No lo sé. Tal vez sea eso lo importante.
Una luna brillante. Una luz cálida. Mis manos otra vez sobre la mesa, sobre el papel, presas del peor de los pánicos. La imaginación agarrota los dedos.
Ya no hay lobo, ya no hay gato pardo, ya no hay niña triste, ya no hay poeta suicida. Quedo yo, tan desnuda como vestida. Mi razón depende del sol. La decadencia del atardecer, el resurgir despeinado del amanecer. La inquietud. La inocencia. La autodestrucción consentida, deseada, compasiva.
El abismo es poco profundo.
Y yo me vendo los ojos, y me sumerjo con oxígeno. Lástima. No me gustan los monstruos del fondo.
Sólo consiento el escuchar. El roce de sus brazos. Esa intuición, tan inquietante, de estar siendo observada, criticada, desmenuzada.
Por mi propio interior. Por, y en él.

lunes, 22 de octubre de 2012

Las cosas que quedan por pensar

No queremos hablar
pero debemos.
No queremos gritar.
Discutamos.
Deja que te diga todo lo que tienes que decirme. Ya sabes donde estoy.
Repróchame todo lo que sabes que haces mal. Búscame.
Nada de compasión. Sin cuartel. Destrózanos.
Invítame a pasar, hay confianza. Tanto tiempo.
Y cuánto sin vernos. Cuánto sin hablar de verdad. Pensemos.
Tan inseparables...
que somos exactamente la misma persona.
Sentada aquí mismo.
Leyendo lo que sé que voy a escribir.
Somos mi yo, mi dentro.
Mi cabeza.

Tenemos que hablar...

lunes, 15 de octubre de 2012

Auto-furia

Mi autocrítica se ha follado a mi autocompasión.
Lo hace cada noche, royendo mis certezas y haciendo arder mi piel cada vez que renace. Clava sus colmillos y pudre el hueso, el cemento
-los cimientos,
y no hay música que oculte ese chirriante sonido. Estoy temblando, como tiemblan todas mis ideas nada más aparecer por mi cabeza; y tiemblan por su corta, desesperante, frustrante e inútil existencia.
Pero ellas también renacen. Reviven, en el mismo mundo en el que se esfumaron, en esas entrañas despojadas de calor humano por propia e insatisfactoria voluntad. Vuelven tercas, obstinadas, obsesionadas, como yo vuelvo cada noche a mi cama. Asfixiando a la almohada con todas esas cosas que ya le he contado.
Y -pero- mordisco a mordisco, la tierra se mueve.