No sé qué tienen las noches tristes que me hacen sonreír. Ahí descubro mi puntito masoquista; punto al que acuchillo cada vez que me da por imaginar lobos esteparios que han hecho su guarida en mi.
Y ese si que es el verdadero momento en el que se puede pensar que me gusta sufrir por sufrir, porque soy tonta y punto. Puedo darle las vueltas que quiera, puedo mascarlo hasta que desaparezca, puedo remover recuerdos hasta quedarme sin memoria, pero seguiré siendo tonta porque me acusaré de ser tonta por actos que no son de tontos. A mí, tonterías las justas; las que hacen sentir bien, las tonterías que rozan la locura y el cómoesquenosemehaocurridoantes.
El lobo y el hombre, en un mismo interior.
...
Demasiado simple para significar "humano".
No hay ser más bello, más pequeño ni más infinito capaz de ser tan sumamente imbécil como el humano.
Después de todo, el humano lo es potencialmente todo.
Definitivamente, no soy un lobo.
Ese roce imperceptible, esa imparable caricia de la vida que hace temblar al universo... ¡Renace! '¡Renace en ti, en todas esas cosas que tú eres, y déjate ser el mundo, el trueno, la chispa, el bello ser humano que nunca dejaste de ser!
martes, 27 de agosto de 2013
lunes, 26 de agosto de 2013
Melodías ajenas
Fiel a las noches de desarreglo emocional, hoy vuelvo a escribir. Vuelvo a escuchar más que la melodía de mi propia respiración, y escribo con suavidad para no despertar a nadie; aunque realmente no sepa muy bien a quién no deseo despertar.
Esta madrugada hace calor. ¿O es solo dentro de mi? Ni idea.
Me duele el cuello.
La próxima vez me castigaré escribiendo mil veces "no debo buscar mi ser en las cuerdas de un piano ajeno".
Finamente dicho, soy una persona desubicada en sus miles de cruces de caminos. Cualquier otro diría que soy una artista/música/escritora frustrada que se abandona como una mala puta entre los acordes de las canciones que hacen llorar (sobre todo por las noches), sin cobrar nada más que un mal sueño traído por la autocompasión.
Aunque ya ni la autocompasión me complace. Me queda el resquemor, como de estómago vacío, de que me faltan muchas cosas por aprender y de que no entiendo ni la mitad de lo que no llego a soñar.
De mis miles de caminos cortados, que me amenazan cuando llega la luna, me refugio en las melodías ajenas.
jueves, 22 de agosto de 2013
domingo, 18 de agosto de 2013
Quién pudiéramos haber sido
¿Sabes? Anoche me desperté, no sé muy bien por qué. Puede que un mal sueño.
Recuerdo que abrí los ojos muy despacio. Por la ventana entraba una luz anaranjada, muy cálida, y pude ver tu silueta oscura recortada contra ella.
Dormías de lado, hacia mí, y aún llegaba a distinguir tus ojos cerrados; tu pecho subía y bajaba, despacio, con un ritmo tranquilizador. Tu respiración me hacía cosquillas en el cuello.
Recuerdo que te abracé, y que tu piel era suave y cálida.
“Tú podrías haberte llamado Carlos”, pensé.
“Podrías haber tenido el pelo corto y negro, o podrías haber tenido la piel oscura. Tal vez no habrías tenido esas pequeñas marquitas en la espalda.
Podrías haber nacido en Suiza y hablar alemán, francés o cualquier otro idioma. Podrías ser albino y trabajar en una agencia de viajes.
A lo mejor te habría gustado cantar canciones románticas, tocar el piano, el blues, la ensalada de arroz. Podrían haberte gustado los hombres.
Podrías estar casado.
Es curioso, pero tú no te llamas Carlos.
Tienes el pelo largo y castaño claro, y unas marcas pequeñas cerca de los hombros. Tus labios son bonitos y delicados. Y además, no te gusta el francés.
Tu piel es suave, morena, pero no mucho; aún no estoy segura de si te gusta o no la ensalada de arroz. Y no estás casada... aún no.
Si te hubieses llamado Carlos, estoy segura de que me habría enamorado de Carlos.”
Recuerdo que te cogí prestado un beso en ese momento, para devolvértelo por la mañana. Te diste la vuelta, dormida, y yo te abracé por la espalda con cuidado.
Me sonreí.
¿Sabes?
Yo también podría haberme llamado Carlos.
Y fueses quien fueses, me habría enamorado de ti.
Recuerdo que abrí los ojos muy despacio. Por la ventana entraba una luz anaranjada, muy cálida, y pude ver tu silueta oscura recortada contra ella.
Dormías de lado, hacia mí, y aún llegaba a distinguir tus ojos cerrados; tu pecho subía y bajaba, despacio, con un ritmo tranquilizador. Tu respiración me hacía cosquillas en el cuello.
Recuerdo que te abracé, y que tu piel era suave y cálida.
“Tú podrías haberte llamado Carlos”, pensé.
“Podrías haber tenido el pelo corto y negro, o podrías haber tenido la piel oscura. Tal vez no habrías tenido esas pequeñas marquitas en la espalda.
Podrías haber nacido en Suiza y hablar alemán, francés o cualquier otro idioma. Podrías ser albino y trabajar en una agencia de viajes.
A lo mejor te habría gustado cantar canciones románticas, tocar el piano, el blues, la ensalada de arroz. Podrían haberte gustado los hombres.
Podrías estar casado.
Es curioso, pero tú no te llamas Carlos.
Tienes el pelo largo y castaño claro, y unas marcas pequeñas cerca de los hombros. Tus labios son bonitos y delicados. Y además, no te gusta el francés.
Tu piel es suave, morena, pero no mucho; aún no estoy segura de si te gusta o no la ensalada de arroz. Y no estás casada... aún no.
Si te hubieses llamado Carlos, estoy segura de que me habría enamorado de Carlos.”
Recuerdo que te cogí prestado un beso en ese momento, para devolvértelo por la mañana. Te diste la vuelta, dormida, y yo te abracé por la espalda con cuidado.
Me sonreí.
¿Sabes?
Yo también podría haberme llamado Carlos.
Y fueses quien fueses, me habría enamorado de ti.
sábado, 17 de agosto de 2013
martes, 13 de agosto de 2013
Luz. Sonido de sábanas. Ya no hay luz.
¿Sabes? Es cálido. Y bonito. Y dulce.
Y punto. Porque hay muchas más cosas, cosas que no se pueden contar a los niños; y hay cosas, cosas que no se pueden explicar a los adultos. Porque soy niña contigo, niña con amor de persona mayor
-pero amor de alguien divertido
y dulce
y suave
y cálido
y tú-
niña con ganas de hacerte el amor.
Y punto. Porque hay muchas más cosas, cosas que no se pueden contar a los niños; y hay cosas, cosas que no se pueden explicar a los adultos. Porque soy niña contigo, niña con amor de persona mayor
-pero amor de alguien divertido
y dulce
y suave
y cálido
y tú-
niña con ganas de hacerte el amor.
miércoles, 10 de julio de 2013
Ruge tres veces, de corazón y de lluvia fría
El cielo ruge
y mi mente ronronea.
La tormenta complace a la Bestia,
pues la Bestia es la tormenta
y la calma
y la lluvia fría
y el aire caliente
y el cielo negro,
y la Bestia ruge
y llueve caliente aquí dentro
y el corazón late frío
calmado
ronroneando por la tormenta.
La Bestia es la tormenta
y la tormenta y yo somos la Bestia,
[y la lluvia arde y el corazón se acelera
y la calma ronronea fría y brillante]
porque todos rugimos con la tormenta
y mi mente ronronea.
La tormenta complace a la Bestia,
pues la Bestia es la tormenta
y la calma
y la lluvia fría
y el aire caliente
y el cielo negro,
y la Bestia ruge
y llueve caliente aquí dentro
y el corazón late frío
calmado
ronroneando por la tormenta.
La Bestia es la tormenta
y la tormenta y yo somos la Bestia,
[y la lluvia arde y el corazón se acelera
y la calma ronronea fría y brillante]
porque todos rugimos con la tormenta
Suscribirse a:
Entradas (Atom)