¿El tiempo no tiene botoncito de STOP? Esta tarde me habría gustado pulsarlo, en esos momentos en que estás tan a gustito que... ay, que los minutos se te escapan, y tu te acurrucas junto al otro para ver si con el calor pasa más lenta la cosa...
Pero no, las manecillas son rigurosas en cuanto a cumplir su horario. Así que sólo nos quedará intentar repetir los momentos en que, aún a riesgo de parecer bolitas de pelo, buscamos atrapar los segundos entre el calorcito, un abrazo... y cualquier película que haga llorar.
Ese roce imperceptible, esa imparable caricia de la vida que hace temblar al universo... ¡Renace! '¡Renace en ti, en todas esas cosas que tú eres, y déjate ser el mundo, el trueno, la chispa, el bello ser humano que nunca dejaste de ser!
domingo, 14 de noviembre de 2010
Burning
La culpa siempre quema.
Y que digan que no te arrepientes cuando realmente siempre lo haces... duele.
Mi piel arde.
La culpa me quema.
Y sin embargo, aunque lo sienta, sé que no soy culpable.
Pero lo siento.
Y que digan que no te arrepientes cuando realmente siempre lo haces... duele.
Mi piel arde.
La culpa me quema.
Y sin embargo, aunque lo sienta, sé que no soy culpable.
Pero lo siento.
jueves, 4 de noviembre de 2010
Todos los derechos reservados
Me reservo mi derecho a estar triste y sentirme mal; a ser odiada e incapaz de odiar. Me reservo el derecho y deber de sonreír, el derecho y deber de llorar; me reservo mi necesidad de amar y que me ames, te reservo a tí que eres yo, y mi derecho a ser tu sombra allá donde vayas. Me reservo mi derecho a cuidar de vosotros sin prestarme atención, me reservo mis planes secretos y mi incapacidad de ser como fui ayer. Me reservo tus labios, tu risa, vuestro llanto, su cuerpo, el aire que respiráis; me reservo y pido mi revocación, porque tal y como soy, soy y debo ser. Reservo en mi nombre esta vida que aprendo a vivir, ya que nadie más lo va a hacer por mí.
miércoles, 3 de noviembre de 2010
Adiós, perdices
Todo el mundo habla del final feliz, del banquete con perdices y los cuentos colorados que se suben al tejado. Ese extendido y mitificado "happy ending", tan conocido como difícil de conseguir.
¿Qué hubiese dicho la princesa si se hubiese marchado del lado de su príncipe? ¿Si hubiese caído enamorada de la hermosísima y malvada bruja, y le dejase por ella?
Tal vez no hubiese dicho nada. O hubiese parpadeado dulcemente con sus largas pestañas, esbozado una triste sonrisa y tal vez hubiese dicho algo, un consuelo sin consuelo.
-Adiós, amor mío, mi final feliz; me embarco en pos de mi propia aventura, que sé larga y dolorosa para mí. Sigue adelante, príncipe, y no olvides olvidarme.
¿Qué hubiese dicho la princesa si se hubiese marchado del lado de su príncipe? ¿Si hubiese caído enamorada de la hermosísima y malvada bruja, y le dejase por ella?
Tal vez no hubiese dicho nada. O hubiese parpadeado dulcemente con sus largas pestañas, esbozado una triste sonrisa y tal vez hubiese dicho algo, un consuelo sin consuelo.
-Adiós, amor mío, mi final feliz; me embarco en pos de mi propia aventura, que sé larga y dolorosa para mí. Sigue adelante, príncipe, y no olvides olvidarme.
miércoles, 27 de octubre de 2010
El reloj

Tic...tic...tic...tic... decía el viejo reloj.
Tan viejo era, que las manecillas en vez de moverse caían; y cuando llegan abajo, pues caían al revés.
Tic...tic...tic...tic... se quejaba el estropeado reloj.
De tan estropeado que estaba, los números habían emigrado dejando una x en su lugar; hoy, para saber qué hora es, tienes que despejar la incógnita.
Tic...tic...tic...tic... se reía el viejo reloj.
Tan viejo era, que las carcomas ya no le hacían más que cosquillas.
Tic...tic...tic...tic... lloraba el solitario reloj.
El hombre viejo y estropeado cogió su maleta y su bastón. Tic...tic...tic...tic...
Caminó despacito hasta la puerta, con una sonrisa pintada en sus arrugadas facciones. Tic...tic...tic...tic...
Se despidió con una mirada tierna de la foto de su hija, y dejó una caricia en el cristal. Tic...tic...tic...tic...
Abrió la puerta y suspiró. Adiós, vieja casa de recuerdos... pensó.
Tic...tic...tic...tic... la puerta se cerró tras él.
-Tac.
Y el viejo y solitario reloj se paró.
martes, 26 de octubre de 2010
Nuvole Bianche

Para ti, mi nuvole bianche, mi triste comienzo y hermoso crescendo, este pequeño trozo de lo que siento y pienso, porque fuiste tu quien me ayudó a descubrirlo; "perché sai che quello che dico è sempre vero, e tu sai che ti amo."
Hay veces en que, casi sin querer, rozamos las nubes con la punta de los dedos. Esas nubes blancas, frías y lejanas, tan cercanas al azul del cielo que casi se funden con él, esas nubes que albergan todos nuestros sueños, son nuestra felicidad; y cada vez que las tocamos, llueven sonrisas y lágrimas. Porque aunque no queramos, aunque no creamos en la felicidad, somos más que capaces de traerla a nuestra vida.
A mi, que como todos los humanos varias veces he caído y herido en la pequeña y simple realidad, los cambios me han llevado a comprender que, tanto en nuestras grandes ilusiones como en los pequeños detalles, están sujetos los hilos que mantienen nuestros sueños entre las nubes, y que jamás deben ser cortados; porque la avaricia rompe el saco, dicen, y al tratar de llevarnos toda la felicidad ésta se nos escapará entre los dedos como un jirón de niebla, una falsa ilusión. Dejemos que la felicidad venga y vaya allá lejos, en el cielo azul; porque es a ese mundo al que pertenece, y nosotros no podemos sino aprovechar cada momento y cada persona que nos lleve a rozar, con la punta de los dedos, esas lejanas nubes blancas.
viernes, 15 de octubre de 2010
Pies descalzos en la orilla
Baila, baila,
ardiente arena,
sereno mar
baila tango en la orilla mojada,
agitada espuma, impasible roca;
baila,
baila en la orilla
entre dos cuerpos mojados.
Baila,
incansable brisa,
baila conmigo y
sigue las olas
que no hacen sino bailar;
baila, baila
fría arena, ardiente mar;
baila conmigo, ola serena,
o al menos déjame bailar.
Bailan, gotas de agua
sobre tu cuerpo van a bailar;
y tus ojos serán la arena
y tu piel ardiente mar,
porque hoy voy a bailar,
bailar, a la orilla del mar.
ardiente arena,
sereno mar
baila tango en la orilla mojada,
agitada espuma, impasible roca;
baila,
baila en la orilla
entre dos cuerpos mojados.
Baila,
incansable brisa,
baila conmigo y
sigue las olas
que no hacen sino bailar;
baila, baila
fría arena, ardiente mar;
baila conmigo, ola serena,
o al menos déjame bailar.
Bailan, gotas de agua
sobre tu cuerpo van a bailar;
y tus ojos serán la arena
y tu piel ardiente mar,
porque hoy voy a bailar,
bailar, a la orilla del mar.
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